Presencia ejecutiva: ¿Para qué?

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Hace algunos años, en una conversación informal sobre mis proyecciones de crecimiento en la organización, mi líder en ese momento me compartió que, a nivel de liderazgo regional, sería importante que desarrollara una mayor presencia ejecutiva. En ese momento no entendí a qué se refería; en mi imaginario, asocié el comentario con la idea de que debía aplacar mi energía y fingir ser alguien que no soy para cumplir con las expectativas sobre qué es ser “un ejecutivo”.

No voy a negar que ese comentario me causó cierto malestar y durante un tiempo renegué bastante, tanto interna como externamente, con esa afirmación. Poco después, ya no formaba parte de ese equipo, por lo que no tuvimos oportunidad de profundizar en el tema. Sin embargo, unos años más tarde, creo que entendí a qué hacía referencia.

Al observar desde afuera conversaciones e interacciones con diferentes líderes de distintas organizaciones, me llamó la atención cómo algunos lograban que todas las personas a su alrededor los escucharan atentamente. Nunca se peleaban en reuniones con muchos participantes, y solían hablar menos que los demás, siendo mucho más asertivos en la elección de las palabras y sintéticos en sus mensajes.

Estos líderes lograban construir consensos más rápidamente —a menudo porque nadie se atrevía a contradecirlos— y, en general, emanaban un aura que inspiraba respeto. Eran amables y accesibles en cualquier momento, pero siempre mantenían una cierta distancia que señalaba hasta dónde podían llegar con ellos. Una distancia que indicaba el límite de lo aceptable.

Sylvia Anne Hewlett nos dice que la presencia ejecutiva se sostiene a partir de tres pilares:

  • Cómo actúas (gravitas) 
  • Cómo hablas (communication) 
  • Cómo te ves (appearance)

Los tres están interconectados y son universales. Hewlett señala que si las habilidades de comunicación aseguran que “comandas” el espacio, tu gravitas crecerá exponencialmente. Pero, si tu presentación es confusa o tímida, tu gravitas sufrirá un fuerte golpe.

Hewlett, basándose en sus investigaciones, destaca que no todos los pilares tienen el mismo impacto. El 67% de los ejecutivos senior encuestados consideraron que el gravitas es lo más importante. Además, señalan que “conocer en profundidad lo que se habla” y poder responder preguntas en seis niveles de profundidad sobre un tema específico es más relevante que la comunicación (28%) o la apariencia (5%).

Este aspecto me resulta especialmente relevante. La palabra gravitas suele traducirse como seriedad o dignidad, pero literalmente significa “gravedad”. Hace referencia al peso y la importancia que una persona tiene en la toma de decisiones y en el ambiente organizacional.

Hewlett explica que proyectar poder intelectual sustenta el gravitas, pero es una cualidad que va mucho más allá de ser la persona más inteligente en la habitación. Se refiere a tener no solo profundidad y amplitud de conocimientos, sino también confianza y credibilidad para que tu visión atraviese obstáculos y asegure consenso, especialmente en situaciones de alta presión. Proyectar esa confianza “bajo fuego” fue lo que los ejecutivos senior de la investigación consideraron fundamental para la Presencia Ejecutiva.

El libro «Executive Presence 2.0: Leadership in an Age of Inclusion» desarrolla en profundidad cada uno de estos pilares y resulta una lectura sumamente recomendable para quienes desean comprender y potenciar esta habilidad. Por mi parte, puedo compartir algunos tips de rápida implementación que he observado en líderes que demuestran esta presencia en el ámbito organizacional:

  • Escuchar antes de hablar 
  • Controlar las expresiones faciales 
  • Dosificar la energía 
  • Elegir cuidadosamente las palabras 
  • Ser sintéticos y al punto 
  • Mantener relevancia en la comunicación 
  • Respetar el uso del tiempo y los compromisos 
  • Ser educados y amables 
  • Cuidar las distancias apropiadas

Incorporar estas acciones produce, de inmediato, un reposicionamiento en la mente de nuestro interlocutor. Se entiende que el tiempo es valioso —porque es un recurso escaso— y, por eso, buscamos aprovecharlo al máximo. También se transmite que sabemos de lo que hablamos y que inspiramos respeto. Lo que decimos tiene peso, es útil y merece ser escuchado.

En las próximas semanas, profundizaremos en cada uno de estos puntos, compartiendo ideas, reflexiones y experiencias que puedan ayudar al lector a implementar rápidamente aquello que le sea útil, si considera relevante desarrollar una habilidad tan clave como la Presencia Ejecutiva.

¡Te invitamos a acompañarnos en este viaje y a compartir en los comentarios o en nuestras redes sociales tus experiencias y aprendizajes!

Si te interesa conocer más sobre este tema te recomiendo algunos recursos para que explores:

Hace casi una década, la economista Sylvia Ann Hewlett descifró el código de la presencia ejecutiva (PE). Basándose en datos complejos y entrevistas exhaustivas con altos ejecutivos de sectores tan diversos como las finanzas y la moda, demostró que la PE es una potente combinación de seriedad, comunicación y apariencia.

El mensaje más potente de Hewlett, hace diez años y ahora, es que la Presencia Ejecutiva es eminentemente aprendible. No es necesario tener la voz de James Earl Jones, las habilidades de comunicación de Steve Jobs ni el atletismo de Michelle Obama para dominar la Presencia Ejecutiva. Sólo tienes que armarte con las herramientas y tácticas contenidas en este libro.

Avatar de Carolina Laudani

Sobre el autor

Carolina es consultora en desafíos de talento organizacional hace casi 15 años. Con amplia experiencia en múltiples industrias y países de la región y el mundo, se enfoca en el desarrollo de abordajes que conecten los procesos hard y soft de talento en organizaciones escribiendo sus primeros capítulos en materia de personas.

Carolina es Licenciada en Marketing con orientación digital y cuenta con especializaciones en Análisis Organizacional, Design Thinking para la Innovación, Pensamiento sistémico y Prospectiva Estratégica.

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