¿Embrutecimiento o emancipación intelectual en las organizaciones?

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Jacques Rancière desarrolla los conceptos de embrutecimiento y emancipación intelectual en varias de sus obras, especialmente en El maestro ignorante y El espectador emancipado. A partir de las prácticas pedagógicas de Joseph Jacotot y sus reflexiones, Rancière rescata ideas profundamente relevantes para el contexto organizacional actual:

“En la lógica pedagógica, el ignorante no es solamente aquel que aún ignora lo que el maestro sabe. Es aquel que no sabe lo que ignora ni cómo saberlo. El maestro, por su parte, no es solamente aquel que detenta el saber ignorado por el ignorante. Es también, aquel que sabe cómo hacer de ello un objeto de saber, en qué momento y de acuerdo con qué protocolo. Pues, en rigor de verdad no hay ignorante que no sepa ya un montón de cosas, que no haya aprendido por sí mismo, mirado, escuchado a su alrededor, observando y repitiendo, equivocándose y corrigiendo sus errores. Pero ese saber, para el maestro, no es más que un saber de ignorante, un saber incapaz de ordenarse de acuerdo con la progresión que va de lo simple a lo complejo. El ignorante progresa comparando lo que descubre con lo que ya sabe, según el azar de los hallazgos, pero también según la regla aritmética, la regla de la democracia que hace de la ignorancia un menor saber. Solo se preocupa por saber más, por saber lo que aún ignoraba, lo que le falta, lo que le faltara al alumno a menos que el mismo se convierta en maestro, es el saber de la ignorancia, el conocimiento de la distancia exacta que separa el saber de la ignorancia….

Lo que el maestro sabe, lo que el protocolo de transmisión del saber enseña primero que nada al alumno, es que la ignorancia no es un menor saber, que ella es el opuesto del saber; es que el saber no es un conjunto de conocimientos, es una posición. La distancia exacta es la distancia que ninguna regla puede medir, la distancia que se prueba por el mero juego de las posiciones ocupadas, que se ejerce a través de la interminable práctica del “paso adelante” que separa al maestro de aquel que se supone que ha de ejercitarse para alcanzarlo…le enseña, antes que todo, su propia incapacidad. Así, verifica incesantemente en sua cto su propio presupuesto: la desigualdad de las inteligencias. Esta verificación interminable es lo que Jacotot llama embrutecimiento.

A esta práctica del embrutecimiento él oponía la práctica de la emancipación intelectual. La emancipación intelectual es la verificación de la igualdad de las inteligencias . Esta no significa la igualdad de valor de todas las manifestaciones de la inteligencia, sino la igualdad en sí de la inteligencia en todas sus manifestaciones… De ese ignorante, que deletrea los signos, al docto que construye hipótesis, es siempre la misma inteligencia que traduce signos a otros signos y que procede por comparaciones y figuras para comunicar sus aventuras intelectuales y comprender lo que otra inteligencia se empeña en comunicarle. 

Este trabajo poético de traducción está en el corazón de todo aprendizaje. Está en la curación de la práctica emancipadora del maestro ignorante. Lo que este ignora es la distancia embrutecedora, la distancia transformada en abismo radical que solo un experto puede “salvar”. La distancia no es un mal a abolir, es la condición normal de toda comunicación….

La distancia que el ignorante debe franquear….es simplemente el camino desde aquello que ya sabe hasta aquello que todavía ignora,. pero que puede aprender tal como ha aprendido el resto, que puede aprender no para ocupar la posición de docto sino para practicar mejor el arte de traducir, de poner sus experiencias en palabras y sus palabras a prueba, de traducir sus aventuras intelectuales a la manera de los otros y de contra.traducir las traducciones que ellos le presentan de sus propias aventuras. El maestro ignorante capaz de ayudarlo a recorrer este camino se llama así no porque no sepa nada, sino porque ha abdicado el “saber de la ignorancia” y disociado de tal suerte su maestría de su saber. No les enseña su saber, les pide que se aventuren en la selva de las cosas y de los signos, que digan lo que han visto y que lo piensen de lo que han visto, que lo verifiquen y lo hagan verificar.”  (Jacques Rancière, «El espectador emancipado)

Es una cita extensa, pero cargada de conceptos potentes. Y me pregunto:
¿Cuántas veces nos convertimos en ese maestro erudito que se siente responsable de transmitir su conocimiento a quien considera carente de él?
¿Cuántas veces esperamos pasivamente que la organización o nuestro líder, como si tuviera un halo de sabiduría, descienda a iluminarnos?
¿Cuántas estrategias de desarrollo dentro de las empresas terminan infantilizando a los colaboradores, detallando paso a paso cómo deben actuar, qué deben decir o cómo interpretar las palabras de un cliente?

Asumir el rol de maestro ignorante exige no solo más tiempo y energía, sino también un alto grado de humildad y paciencia, cualidades que muchas veces parecen ausentes en las organizaciones.
Es mucho más rápido decirle a las personas qué hacer, cómo hacerlo y luego controlar que lo cumplan. Pero, si lo observamos con una mirada crítica, no solo estamos infantilizando la relación con el colaborador: estamos animalizándola, entrenando personas como si fueran cachorros en una competencia. Y eso, sin duda, es aún peor.

Lo más impactante de todo es que estas técnicas pedagógicas desarrolladas por Jacotot —que hoy se enseñan en la formación docente y se consideran innovadoras al aplicarse en contextos organizacionales— ¡fueron concebidas en el siglo XIX!
Hace más de 200 años ya se proponía romper con las jerarquías del saber, defendiendo la igualdad de capacidades para acceder al conocimiento.
Y sin embargo, en muchas organizaciones actuales, seguimos diseñando procesos de aprendizaje donde todo está predefinido, explicado al detalle, para que los empleados solo tengan que replicarlo.

Esperemos no tener que esperar otros 200 años para que las organizaciones comiencen a recorrer un camino más cercano a la emancipación intelectual que al embrutecimiento.

Si te interesa conocer más sobre este tema te recomiendo algunos recursos para que explores:

«El maestro ignorante» de Jacques Rancière es un texto que explora la emancipación intelectual, argumentando que todos los seres humanos poseen una inteligencia igual, por lo que se puede enseñar lo que no se sabe. A través de la figura del pedagogo Joseph Jacotot, Rancière cuestiona el rol del maestro explicador y defiende que la educación debe fomentar la voluntad del estudiante para aprender de forma autónoma, enfrentándose directamente a un libro o una obra. El libro propone que la verdadera enseñanza reside en inspirar el deseo de conocimiento y la capacidad de pensar por sí mismo, no en la transmisión de información. 

Avatar de Carolina Laudani

Sobre el autor

Carolina es consultora en desafíos de talento organizacional hace casi 15 años. Con amplia experiencia en múltiples industrias y países de la región y el mundo, se enfoca en el desarrollo de abordajes que conecten los procesos hard y soft de talento en organizaciones escribiendo sus primeros capítulos en materia de personas.

Carolina es Licenciada en Marketing con orientación digital y cuenta con especializaciones en Análisis Organizacional, Design Thinking para la Innovación, Pensamiento sistémico y Prospectiva Estratégica.

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