Hace un tiempo recibí el siguiente mensaje:
“Hablé con XXX, me lloró que no sabe en qué andás. Siente que no tiene visibilidad de lo que hacemos y se siente desplazado…”
El comentario me descolocó. Al principio, me indigné. Estábamos hablando de una persona que, si bien formaba parte del equipo, no tenía una relación directa conmigo. Era responsable de otra parte del proceso y trabajábamos de forma completamente independiente. Además, nunca había intentado hablar conmigo ni establecer ningún tipo de contacto. De hecho, yo solía buscarlo para resolver temas puntuales, sin demasiado éxito. Para coronar la situación, esa misma mañana habíamos tenido una call de updates para compartir en qué estábamos trabajando, y él no se había sumado.
Después de la molestia llegó la confusión. Al procesar el mensaje, no entendía cómo podía plantear la situación desde esa perspectiva. Sentí que había algo que me estaba faltando en la ecuación. Volví a leer el mensaje y me detuve en los verbos de la última oración: «se siente desplazado». Él se sentía así. No se trataba de una realidad objetiva, sino de su mundo interno. Y hace mucho aprendí a no debatir con el mundo interno del otro.
Me levanté para despejarme y pensar en los próximos pasos. ¿Era mi responsabilidad que esta persona se sintiera de otra forma? No, no lo era. Sin embargo, tampoco me resultaba cómoda la idea de que alguien de mi equipo se sintiera así.
Entonces pensé que, independientemente de lo que yo hiciera, el sentirse diferente era —y seguiría siendo— algo que estaba en sus manos. Aun así, la construcción de un vínculo requiere de dos partes. Esto me llevó a preguntarme: ¿cómo se construyen los puentes? Sí, puentes de verdad, físicos. Y lo que encontré, al pensar en ello de forma figurada, me resultó genial.
El tipo de puente que se construye depende de la distancia que se busca salvar: desde dos pilares, uno a cada lado, hasta arcos que distribuyen el peso o puentes colgantes, lo suficientemente flexibles como para soportar pruebas de aerodinámica.
En todos los casos, se empieza con un pilar de cada lado. Ambos sostienen el peso, distribuido entre los dos. Cuanto mayor es la distancia, más puntos de contacto se deben asegurar.
Con las personas, no siempre sabemos desde el principio qué distancia hay que salvar. Tampoco conocemos el peso que tendrá que soportar ese vínculo. Lo único que sí sabemos es que, para que se tienda un puente, cada lado tiene que hacer su parte. Y encontrarse en ese punto medio nunca fue tan literal.
No estoy segura de si llegaremos a tender un puente con esta persona o no. No está en mi control que eso suceda. Lo que sí está en mi control es decidir hacer mi parte: dejar listo mi lado del puente. Y si del otro lado hay voluntad y decisión, con un poco de suerte, nos encontraremos en el medio.
Si te interesa conocer más sobre este tema te recomiendo algunos recursos para que explores:

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